martes, 2 de agosto de 2011

Katoomba – Día 1


El albergue. ¿Queda claro por qué tenía que ser este y no otro?

Blue Mountains en todo su esplendor

¡No podía faltar mi gran clásico fotográfico!  :)))

Los franceses y yo en uno de los miradores con mejores vistas.

Por fin me pongo al día. Katoomba es un pequeño pueblo en lo más alto de las Blue Mountains, a dos horas al oeste de Sydney. Hay gente que vive aquí y va a trabajar a la ciudad. Es como vivir en Segovia, pero con un paisaje tipo Navacerrada.
 Hoy no era día para madrugar, así que me lo he tomado con calma. Al fin y al cabo, mi idea es hacer descenso de barrancos en un lugar que parece ser impresionante, pero está claro que de hacerlo, el día será mañana.
Caminando al centro del pueblo he buscado todas las agencias de aventura existentes para preguntar qué posibilidades tenía de poder hacer “Canyoning” y esta vez no tuve suerte. Salvo los fines de semana, en invierno, no hay gente suficiente para organizar grupos. Así pues me tendré que conformar con simples excursiones a pie por los alrededores. Después del Brunch me he dirigido a un pueblo cercano que se llama Wentworth (creo que se llama así), desde donde salen muchas rutas a pie por los acantilados. Me he juntado a un grupo de franceses que estaba en las mismas y a pesar de que era ya algo tarde, hemos podido hacer toda la National Pass, una ruta que va descendiendo y ascendiendo a lo largo de todo el acantilado. Las vistas son impresionantes, y puedes ver por qué las Blue Mountain se les llama así. Cuando miras hacia el valle, el aire se ve azul, como si fuera una especie de bruma. Por alguna razón que me ha intentado explicar el francés, y que consultaré nada más cuelgue esta entrada, la atmósfera es más densa en estos valles, de manera que se puede apreciar la atmósfera azul
Mañana tocará ver las Three Sisters en Katoomba y el Grand Canyon en otro pueblo al lado de este.

Jyndabye – Thredbo – Monte Kosciusko - Katoomba

¿¿Siberia?? No, el camino hacia el monte Kosciusko...

 La prueba de que estuve allí!!
Haciendo el indio, para variar...

Como decirlo sin ser maleducado... ¡FOMARE!

¡Pero qué chulo esto de las raquetas!


La familia de Utah casi al completo (George, el papá estaba en otra parte)

A las 7 en pie y a las 8.30 estaba ya en el Tourist Informaton Center. Varias empresas organizan excursiones por allí, era cuestión de preguntar, aunque la cosa no parecía fácil, pues no es habitual que la gente se interese en estas fechas por una excursión a pie a lo alto de la montaña, donde posiblemente no se vea nada.
Varias agencias me dijeron que no, queimposible o terriblemente caro. En uno de los locales alquilaban equipo, por lo que estaba ya resuelto a alquilarme unos Snow Shoes y un mapa, para intentarlo solo, cuando llegó una familia de Utah (padre, madre, hija de 17, e hijos de 14 y 10 años), con el mismo objetivo que yo, y con un maravilloso GPS con las coordenadas del monte en cuestión. Por favor, dónde están las cámaras de este Show de García, porque no me lo creía. Alquilamos el equipo y fui con ellos hasta Thredbo, el pueblo de donde salen los remontes para empezar la ruta. Fui con ellos todo el rato, luchando contra un viento terrible y la cuesta arriba casi constante. El paisaje era increible. Todo blanco, y cuando estábamos a punto de llegar hubo momentos de no ver más allá de 3 metros. Era como estar en un sueño, en una pequeña habitación con paredes de humo. Se me quitaron las ganas, si alguna vez las tuve, de subir al Everest. Allá arriba fue un poco decepcionante, pues la visibilidad era nula, y no humo más premio que el hecho de haber llegado.
Al volver mis piernas ya estaban algo doloridas. Había sido una excursión más que suficiente para  lamentable estado de forma física.
Después de despedirme de todos los miembros de la entrañable familia de Utah y comerme una buena pizza, había que volver a coger el coche y proseguir mi viaje. Destino: Katoomba, en las Blue Mountains, a seis horas en coche. Eran casi las 6 de la tarde de nuevo. Tocaría viajar de noche otra vez.
Llegué casi a las doce al albergue que esta vez sí, había reservado previamente, y donde me habían dejado la llave bajo el felpudo. La visita a este albergue era obligada. En la guía salían otras tres opciones, pero claramente para mi, sólo podía ser este. Lo entenderéis con la foto, algunos.

Sydney – Día 3 + Viaje a Jindabyne

Como era de esperar no pude levantarme hasta las 2 de la tarde. Para un lugar donde a las 6 es de noche, es toda una irresponsabilidad, pero estoy de vacaciones, y el cuerpo me pedía un respiro.
Me debatía entre quedarme un día más en Sydney o coger carretera e irme ya a coronar el Kosciusko. No podía perder más tiempo así que en media hora me planifiqué los siguientes 4 días. Compré el billete de avión a Cairns para el día 4, y me fui en búsqueda de un coche. Esto de ir por la izquierda me asustaba un poco, pero antes o después había que hacerlo. Debí caerle bien a la chica que me atendió en Europcar, porque acabé con un berlina automático bastante grande, como un Bora, con calefacción en los asientos (una tontería inicial que luego agradecí infinitamente) y control antideslizamiento (que no tuve que agradecer por suerte). Así pues, después de un buen plato de alguna espeialidad thailandesa riquísima a base de nuddles, me aventuré GPS en mano (gracias Jose por ese magnífico programa que me descargaste en el móvil), me aventuré en esas carreteras por donde todo va por el lado contrario al que uno se espera. Pasando un rotonda invertida fue el instante donde realmente me sentí en el otro lado del planeta, boca abajo, en el mundo al revés, como si hubiese cruzado el espejo hacia un universo paralelo. Creo que en ese momento no me habría extrañado ver a la gente andando de espaldas o leyendo de atrás hacia delante.
Después de 5 horas y media de viaje y multa de tráfico incluida (con policía en plan americano y jeep con más luces que un parque de atracciones), llegué a las 11.30 a Jindabyne, el pueblo que queda ya próximo a las Snowy Mountains, sitio que es, me parece, el único donde se puede esquiar en este enorme país. No vi nada, pero luego me recordaría un poco a la sierra de Madrid. De hecho, el Kosciusko (la montaña más alta de Australia) es algo más baja que el Peñalara.
El albergue estaba cerrado, y unos chicos alli me ofrecieron entrar y dormir en el sofá, pero me aventuré a encontrar otro lugar a esas horas, y por alineación de planetas di con un hostal que cerraba en 5 minutos y que tenía todavía libre una habitación. Hay que recordar que es invierno, y sólo en las Snowy Mountains es temporada alta, con todo repleto de gente esquiando como locos. No me lo creía ni yo. Ducha relajante y sueño reparador. Al día siguiente tocaría buscar la manera de llegar al monte Kosciusko, y una vez más el destino me iba a ayudar.

Sydney - Día 2

Playa de Bondi
Skyline de Sydney desde el Ferry. Casi nada.
Esto no necesita mucho título. La Opera House desde el ferry de vuelta.

Han pasado varios días sin poder conectarme en ninguna parte, viajando de noche y subiendo montañas. Intentaré escribir varias entradas para contaros y mostraros parte de lo que he visto.
Lo primero fue visitar la zona de Bondi, donde hay una playa muy bonita y donde acabé comiendo un delicioso plato de no sé qué con calamares. Muy rico.
Manly no fue para tanto. De hecho, las únicas fotos que tengo son de las que hice al ir o volver con el ferry. Supongo que es el típico sitio digno de ver en verano, con playas atiborradas de surfistas y chicas en bilkini. Me di una vuelta por allí y como mi nuevo amigo de Perth me estaba enviando mensajes al movil por si estaba por allí, me acabé comprando un movil australiano con tarjeta prepago con 20 dólares. Todo por 40 bucks! La verdad es que hasta ahora está siendo la mejor inversión que he hecho, si no fuera porque por alguna extraña razón recibo mensajes de alguna comunidad musulmana hablándome sobre el comienzo del Ramadan, sobre el angel Gabriel  y el gran Allah!! Es de locos! Como me pillen en el aeropuerto con este móvil me encierran en Guantánamo fijo!!
Finalmente quedé con Dan (el de Perth), y pasamos juntos el resto de la tarde-noche-madrugada…
Una ducha rápida en el albergue y después a un concierto de Rock en un pequeño pub por el centro donde tocaba un amigo suyo indio (de la India) de apariencia indescriptible. Eran MUY buenos. Me sorprendieron gratamente. Hacían de teloneros de un grupo más conocido, pero les auguro un buen futuro.
Después nos fuimos en busca de un buen local donde seguir la fiesta. El sitio elegido fue un local de salsa que se llama La bodeguita de no sé qué. Tocaba un grupo cubano, y había ritmos latinos que yo no conocía, pero estuvo chulo. Después de dos mojitos y una agradable charla con un par de acosadoras hambrientas, nos fuimos a Chinatown, y elegimos por casualidad un local donde el 90% eran coreanos. Jerry, lo dicho, NO VENGAS AQUí JAMÁS. Fue una gran noticia saber que aquí en los McDonalds tienen desayunos muy apetecibles. Creo que llegamos al albergue a las 5… La intención era ver amanecer en Sydney, pero faltaba una hora, y vagabundear ese tiempo por las calles no era muy apetecible. En resumen la vida nocturna en Sydney no tiene nada que envidiar a la de Madrid y el factor cosmopolita y exotismo por la cercanía de Asia, la vuelve diferente, atractiva y especial.